jueves, 4 de marzo de 2010

LA ÚLTIMA BARREJA DE PACO (Antonio Envid Miñana)


Como todas las mañanas, Paco al entrar en el bar emitió un gruñido a modo de saludo, con la habitual indiferencia de la parroquia. Se acodó en la barra a esperar a que Manolo le sirviera la cotidiana barreja. Te va a matar, Paco, te va a matar ese brebaje. Lástima. Sólo tiene una pega, que lo hace lentamente. Reflexionaba Paco. Tantos años desayunándose con una barreja que le diera ánimos para continuar la rutina del trabajo en la colla de descargadores del mercado de abasto, hasta que aquel crujido en la espalada lo dejara varado en aquella taberna. -¡Pero, bueno, hoy este Manolo no me hace ni caso! Quizá me pasé con él ayer, pero fue el sofoco de la discusión. ¡Viene esa “barrecha” o qué! Yo también creo que este año el Zaragoza bajará, está cantado …Lo que me fastidió fue su seguridad, su indiferencia al pontificar: el año que viene el Zaragoza a segunda. Pues me serviré yo, que no es la primera vez, ni será la última…

Pasó tras la barra y alcanzó la botella de moscatel, la de anís y un vaso. Lo que le gustaba del bar de Manolo es que todavía conservaba aquellos vasos de culo recio, que vete a saber donde los encontraba. La barreja no sabía igual en otro recipiente. Dos partes de moscatel y una de anís, con un ligero quiebro de la muñeca para que no se derramara ni una gota. Estaba hecho un barman. Repasó otra vez la barra, tampoco sabía igual la bebida en ese lado, había que tomarla fuera. En lo suyo Paco era un exquisito. Paladeó el mejunje, chascando la lengua, pero al bajar por la garganta hacia el estómago no le produjo la misma sensación de quemazón de siempre, fue algo más apagado.

Aburrido de que Manolo no le dirigiera la palabra –este Manolo, cada vez más viejo y más rarillo- se sentó junto a los que estaban jugando al dominó. -No eches ahora la seis doble ¡hombre! Este Sebas tan torpe como siempre-. Pronto se cansó de la indiferencia de los jugadores y del demasiado predecible juego de cada uno, de modo que cogiendo el periódico fue a sentarse en un rincón.

Paco leía concentradamente y moviendo los labios, repitiendo las palabras impresas. De pronto: ¡…ño, que es esto! “Don Francisco Benítez García. Falleció en Zaragoza el …. D. E. P. Manuel Benjumea y sus amigos al participar de tan dolorosa pérdida ruegan una oración por su alma y comunican que hoy a las 11 horas se celebrará un funeral en el tanatorio municipal antes de proceder a su incineración”. Tuvo que leerlo otra vez. No podía ser, ese Francisco, Paco, era él y Manolo su amigo. Que detallazo el de Manolo, se había ocupado e todo y él pensando que le guardaba rencor. Miró a todos los presentes, ya era la hora de su funeral y todos permanecían allí, como siempre, Manolo atendiendo la barra, los otros jugando, los demás comentando las mismas sandeces de todos os días. Entonces ¡quién coño había ido a su funeral! Por un día podían haber dejado la taberna.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...